Cuando generar código deja de ser el cuello de botella, producir más ya no garantiza avanzar mejor.
El valor se desplaza hacia las decisiones que rodean la construcción.
Una necesidad bien definida.
Una arquitectura con límites y contratos claros.
Controles de seguridad dentro del ciclo.
Pruebas que conviertan expectativas en evidencia.
Observabilidad para entender lo que ocurre en operación.
Y responsables humanos para las decisiones de mayor impacto.
La inteligencia artificial puede aumentar el volumen y la velocidad de cada cambio.
Sin esas condiciones, también aumenta la cantidad de código que debe revisarse, mantenerse y explicarse.
La capacidad de ingeniería no se mide por cuánto código puede producir un equipo.
Se mide por cuánto valor puede entregar y sostener bajo control.
El código se vuelve abundante.
El criterio de ingeniería se vuelve más importante.

