Una interfaz puede cambiar.
El registro no debería hacerlo con ella.
Cuando el software se diseña únicamente alrededor de pantallas, las reglas del negocio, los permisos y las decisiones terminan mezclados con una forma específica de operar.
Después llega una integración, una aplicación móvil o un nuevo canal y cada uno empieza a reconstruir parte de esa lógica.
Una arquitectura preparada para distintos operadores separa cinco elementos:
- los hechos que el sistema conserva;
- las reglas que determinan qué puede ocurrir;
- los permisos que limitan cada acción;
- la trazabilidad de lo que ocurrió;
- las interfaces desde las que se opera.
Una persona, una integración o un agente pueden interactuar de maneras distintas. Todos deben hacerlo sobre los mismos contratos y la misma fuente de verdad.
El objetivo no es construir más pantallas.
Es construir un núcleo operativo confiable que pueda sobrevivir a la siguiente forma de interacción.

