Un entregable técnico no demuestra valor por la cantidad de páginas, diagramas o código que contiene.
La señal más útil es que se pueda seguir el hilo entre:
- una necesidad concreta;
- una decisión de diseño;
- el componente que la implementa;
- una validación que comprueba el comportamiento esperado.
Cuando ese recorrido queda claro, el equipo puede revisar qué se resolvió, detectar qué falta y conversar sobre cambios con una base común.
No hace falta adornar el resultado con una promesa de productividad. Hace falta poder explicar qué se construyó y qué evidencia respalda que cumple su propósito.
Ese es un criterio que vale conservar: menos énfasis en el volumen producido y más atención a la trazabilidad del diseño.

